6 lugares y curiosidades poco conocidas de Albania para sumar a tu viaje.

Nos gusta contar lo que hay en cada país más allá de lo más difundido o lo convencional, siempre con el estilo curioso y viajero del blog. Precisamente esas curiosidades y rincones poco conocidos no suelen ser planes de viaje que subestimar, sino todo lo contrario. En este post queremos detallar uno a uno seis lugares desconocidos de Albania que además son curiosos: sitios con historia, con belleza natural. Una serie de propuestas para programar más días, o incluso organizar una ruta en uno de los países imprescindible en el radar viajero de Europa del Este.

Por cierto, para este y cualquier viaje, es más que aconsejable contratar un seguro de viaje para Albania. Si bien es un país relativamente seguro y cada vez más abierto al turismo, nunca está de más contar con cobertura para cualquier inconveniente.

Lugares desconocidos de Albania

Imagen Ledia Koralari / Pixabay

Existe un lago artificial color esmeralda en un entorno que parece un fiordo.

Nuestro primer punto es el Lago Koman. En realidad es el resultado de la construcción de una presa hidroeléctrica en tiempos del dictador Enver Hoxha. La belleza de este embalse es notable, tanto que parece un fiordo noruego insertado en los Balcanes. Nos situamos en el norte de Albania, muy cerca de Shkodër y a poca distancia del Parque Nacional de Valbona. Es una represa en el río Drin, terminada hacia fines de los años setenta. Llevó años inundar un desfiladero de montaña hasta completar el nivel actual, que da forma a un embalse de unos 34 kilómetros de largo.

La forma de conocer este lago es a bordo del ferry público que une los pueblos de Koman y Fierzë, un trayecto que dura unas dos horas y media navegando entre paredes de piedra calcárea casi verticales que dan contexto al agua color esmeralda. Lo recomendable es partir desde Shkodër en furgon o taxi compartido, un viaje de aproximadamente dos horas por una carretera de montaña sinuosa pero con buenas vistas panorámicas. El ferry suele salir alrededor de las 9 de la mañana, así que conviene pasar la noche previa en Shkodër. Quienes buscan sumar algo extra a esta excursión pueden desviarse hacia el río Shala, un afluente de aguas turquesas apodado «la Tailandia albanesa». Es accesible solo en pequeñas lanchas desde el lago.

Hay un pueblo casi fantasma con un gran tesoro: cinco iglesias ortodoxas pintadas.

Voskopojë es una aldea en las montañas del sureste de Albania, nuevamente fuera de los circuitos organizados. Encontraremos una maravilla patrimonial, ya que fue uno de los grandes centros culturales balcánicos en el siglo XVIII. Increíblemente hoy es un pueblo fantasma. Se le conoce como el «El París de los Balcanes», y llegó a tener más de veinte iglesias ortodoxas, una academia, una biblioteca y una de las primeras imprentas de la región. Todo gracias a la prosperidad por el control de las rutas comerciales entre Venecia y Constantinopla.

Hoy solo sobreviven cinco templos, cuyos interiores guardan frescos de los siglos XVII y XVIII, considerados una de las mayores concentraciones de arte cristiano ortodoxo del mundo, nada menos. Se encuentra a unos 20 kilómetros al noroeste de Korçë, desde donde se llega fácilmente en coche en unos 30 minutos, ya sea en taxi, o mediante los autobuses diarios que conectan ambas localidades. Lo ideal es combinarla con una visita a Korçë o al lago Ohrid, ya que basta medio día para recorrer sus calles en una región en la que estaremos a 1.200 metros sobre el nivel del mar. Es muy recomendable consultar antes en el alojamiento o en la oficina de turismo si las iglesias estarán abiertas, ya que varias permanecen cerradas o están en restauración. Muy cerca también está el monasterio de San Juan Bautista que ofrece una caminata con vistas panorámicas sobre el valle.

Hay una duna gigante junto al mar declarada monumento natural.

Se llama Duna de Shëngjin (Rana e Hedhun), precisamente una duna costera que cae 50 metros hasta el Adriático. Es tan imponente que está declarada monumento natural desde el año 2002. Los turistas se lanzan a toda velocidad cuesta abajo hasta el mar. Esto es en el norte de Albania, a unos 4 kilómetros al noroeste de la localidad de Shëngjin, sobre las aguas del golfo de Drin. Para llegar, lo más práctico es tomar un autobús o minibús desde Tirana o Lezhë hasta Shëngjin (a algo más de una hora en auto si es que no hay exceso de tráfico). Luego se puede seguir en un taxi o una caminata de unos 4 kilómetros hasta la duna. Si vamos bien temprano en verano, o al atardecer evitaremos el calor, y especialmente las multitudes. Los servicios cerca de la duna son limitados, aunque hay un par de bares con sombrillas y tumbonas en alquiler. Por cierto, a comienzos de junio es el festival de música electrónica Unum, que reúne a miles de personas bailando entre la arena y el mar, un evento que dura varios días.

Un monasterio bizantino con uno de los templos más grandes de Albania

Su nombre es Monasterio de San Nicolás en Mesopotam. Es uno de los templos bizantinos más grandes de Albania, y lo más asombroso es que por estar aislado no lo visita mucho turismo. Se encuentra en el sur del país en el condado de Vlorë. Algunos investigadores creen que el sitio original existe desde el siglo XI o incluso antes. Fue construido sobre un antiguo templo griego y sus muros exteriores conservan relieves de águilas, leones y dragones que mezclan simbología precristiana con arte ortodoxo.

Para llegar nos dejará cualquier autobús entre Sarandë y Gjirokastër, aunque conviene alquilar un auto. También es excelente idea contratar un tour para combinar con una visita al sitio arqueológico de Phoenice. El monasterio suele estar cerrado con un portón metálico, así que hay que tocar para que quien está a cargo ese día nos abra. Luego hay que pagar una entrada simbólica que permite recorrer el interior. Es curioso que desde 2021 se realizan trabajos de restauración de frescos bizantinos que permanecían ocultos bajo capas de pintura. Como el interior es oscuro, algo tan propio de la arquitectura bizantina, es buena idea llevar una linterna. Bien cerca está también el llamado Ojo Azul (Blue Eye) y Gjirokastër. Es una zona ideal para una ruta con varios puntos, propios de una Albania fuera del circuito turístico tradicional.

Uno de los pueblos más bonitos de Albania aislado casi tres siglos.

El pueblo de Theth en el norte de Albania estuvo aislado por siglos. Y eso es una buena noticia para su conservación. Está en pleno corazón de los Alpes albaneses, dentro del Parque Nacional que lleva su nombre, rodeado por los imponentes montes Prokletije (también conocidos como las «Montañas Malditas»). El despliegue escénico es precioso con el río Lumi i Thethit serpenteando entre casas pintorescas de piedra y madera.

La forma más habitual de llegar es desde Shkodër, ciudad base recomendada para organizar la visita. Desde allí, el trayecto en coche dura unas dos horas para recorrer apenas 76 km, aunque con un ascenso de montaña sinuoso y exigente. Está la opción de minibuses en temporada alta o contratar una excursión organizada. Si disponen de tiempo y energía está la opción de hacer el sendero de trekking desde Valbona, una aventura de entre seis y ocho horas con algunas de las vistas más espectaculares de los Balcanes.

Una vez en el pueblo, no hay que pasar por alto la iglesia de 1892, la antigua torre ligada al código de honor del Kanun, y no detenerse hasta llegar a la cascada de Grunas y el Ojo Azul, que es una laguna de aguas turquesas alimentada por un manantial. Se recomienda dedicar al menos dos días para disfrutar de todas estas bellezas. Agosto es la temporada alta para los propios albaneses y es mejor reservar con cierta anticipación el alojamiento.

Un sendero por las Montañas Malditas organizado con alojamientos rurales.

Se trata de una ruta de senderismo de 192 km por las Montañas Malditas, en la frontera entre Albania, Kosovo y Montenegro, atractiva por sus opciones de alojamiento en casas rurales gracias a un programa de cooperación con el impulso de Alemania. El sendero se recomienda para hacer en su totalidad en unos diez días. Precisamente se llega a pueblos remotos como Theth (nuestro punto anterior) y Valbona en Albania, así como Plav en Montenegro y otros pueblos en los distintos países que atraviesa. Son paisajes de bosques de hayas, valles glaciares y picos de piedra calcárea.

La mejor época para ir es entre junio y septiembre, cuando los pasos de montaña están libres de nieve al completo y están disponibles los alojamientos rurales. Precisamente como la temporada de verano es breve, se recomienda reservar con anticipación en pueblos como Theth, Valbona, Çerem y Dobërdol. Por cierto, no es la mejor idea subestimar la exigencia física del sendero, y contar con cierto entrenamiento.

Y hasta aquí los seis lugares desconocidos de Albania para considerar y sumar en tu viaje. Siempre se pueden dejar más sugerencias en comentarios, que serán más que bienvenidos.

Imagen de portada Ervin Gjata de Pixabay

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