Sobre cómo la lluvia en Bergen potencia el hygge, la palabra y sensación que no se puede traducir

Existe una ciudad de la «lluvia eterna» en Noruega. En este lugar literalmente nadie espera buen clima para hacer un plan cualquiera, tanto en interior como en exterior. Y a la inversa, se adaptan y potencian el bienestar y la filosofía de disfrutar la vida situando a la lluvia como un aliado, más que un problema. En este post les contaré de varias curiosidades que pude observar en mi paso por la puerta de entrada a los fiordos, de la lluvia y el hygge en Bergen.

La ciudad de la lluvia eterna

A Bergen, en la costa oeste de Noruega, se la conoce como la ciudad de la lluvia eterna. Y es que por estadística estricta suma más de 250 días lluviosos al año. Por lo tanto a sus habitantes no les ha quedado otra opción que aprender a convivir con la lluvia y hacer que ese fenómeno sea parte del encanto del lugar y de la vida, de algún modo.

En mis días en Bergen pude observar como ninguna actividad en esta ciudad se suspende por lluvia, incluso las impensadas, como tomar un café al aire libre, o limpiar techos de hojas en otoño. En sus terrazas, los cafés cuentan con una manta en cada silla para que cada cliente pueda resguardarse del frío, así como nadie llega a pensar ue porque llueva hay que escoger una mesa en el interior del local. El paraguas y el impermeable es parte del atuendo diario. Las fachadas de madera del histórico barrio Bryggen, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, brillan bajo el agua como si la lluvia las acariciara. El lema y la filosofía de Bergen reza que “no existe el mal tiempo, solo la ropa inadecuada”.

De este modo, no porque llueva o llovizne, sus habitantes dejarán de caminar por el puerto o las calles: el sonido del agua golpeando las piedras, el aroma de los bollos de canela (skillingsboller), es lo que suma a la sensación de ser parte de una postal viva del norte europeo. Si viajamos Bergen, hay que entender que la lluvia no arruina los planes: los transforma en experiencias únicas. Por ello les quiero contar más de la lluvia y de Bergen, además del concepto de hygge, una palabra que no tiene traducción.

Edvard Grieg: la música que nació entre fiordos y la lluvia

En una ciudad tan lluviosa es de esperar que esta condición del clima haya sido musa de artistas. En Bergen nació Edvard Grieg, el compositor más célebre de Noruega, cuya música refleja la esencia del paisaje del lugar a pasos de los fiordos: su música suena majestuosa, melancólica y profundamente emocional.

Su obra “Peer Gynt” además de un clásico de talla mundial, es casi una banda sonora del alma nórdica, llena de melodías que evocan luminosidad, montañas, lagos, cielos de colores cambiantes. En Bergen se puede visitar su casa-museo Troldhaugen, que está ubicada a las afueras. En una visita vamos a entender cómo el entorno de paisajes de Bergen inspiró su obra.

Su estudio donde se dedicaba a componer asoma a un lago tranquilo. Y muy probablemente al caminar por él, escucharemos el sonido de la lluvia sobre el techo de madera. En verano, el museo ofrece conciertos íntimos, una experiencia aún más especial si afuera cae una llovizna suave.

Fiestas bajo la lluvia: cuando el clima no detiene a Bergen

La ciudad de Bergen celebra todo el año con un calendario intenso de festivales culturales y musicales, sin que el «mal clima» importe. Por ejemplo, durante el Bergenfest, miles de personas se reúnen en la fortaleza medieval de Bergenhus para escuchar música al aire libre. Es probable que se vean capas impermeables de todos los colores: una fiesta de vida y resistencia a la lluvia eterna. Otro clásico es el Festival Internacional de Bergen, con una agenda enorme de teatro, danza, ópera y conciertos en toda la ciudad.

Incluso fuera de temporada, Bergen posee una actividad cultural imparable: desde artistas callejeros, obras murales, ferias gastronómicas y cafés siempre animados. Todo sucede gracias a la lluvia.

La belleza después de la lluvia

Entre tanto gris y lluvia, el momento en que el cielo decide abrirse, Bergen parece renacer de un modo que tiene magia. De repente un rayo de sol ilumina las fachadas de Bryggen, reflejadas sobre el agua del fiordo. A veces, aparece un arco iris doble que se extiende entre las montañas. Es entonces cuando uno entiende que Bergen no sería mejor sin tanta lluvia, porque es parte de su esencia ese cambio. Viajar a Bergen implica estar preparado no para buscar el sol, sino adaptarse a su lluvia, a su gris, a sus cambios, y aprender a disfrutarla.

El invierno, la lluvia y el hygge noruego.

En invierno la lluvia se mezcla con nieve y por supuesto, los días se acortan. Entonces la ciudad encuentra calor en su vida interior. En Noruega y en todos los países nórdicos existe una palabra que no tiene traducción: el hygge describe ese bienestar simple que nace de la calma, desde una taza caliente hasta una simple luz cálida en una jornada fría tras otra.

Qué es el hygge

El término hygge (se pronuncia jü-ga) proviene de Dinamarca, pero su significado y filosofía se extiende por toda Escandinavia, incluida Noruega. Es una palabra que no tiene una traducción exacta. Se asocia con la sensación de bienestar, la calma y el disfrute de los pequeños placeres cotidianos. Es en definitiva una actitud de valorar los momentos simples: beber una taza de café caliente mientras llueve, apreciar la luz tenue de una vela en una tarde oscura, llevar una conversación tranquila entre amigos. O simplemente mirar por la ventana y sentirse a gusto en el refugio de un hogar.

La lluvia y el hygge en Bergen van de la mano, y esta actitud por apreciar lo simple es una forma de resistencia emocional ante el invierno. En Finlandia, existe por ejemplo el arte de no hacer nada (que lo cuento en este post), y en todos los países nórdicos, se aprecia el silencio, la contemplación, la meditación. Es ese arte tan nórdico de crear pequeños momentos de disfrute con simpleza en medio del frío, o de encontrar formas de felicidad sin centrarse en lo extraordinario, sino en lo cotidiano.

Información práctica para visitar Bergen

  • Mejor época para visitar: Todo el año. Primavera y verano son ideales por la cantidad de festivales, aunque en invierno la ciudad ofrece un encanto más íntimo, y muchos creen que su niebla y vistas panorámicas le dan una atmósfera aún más singular y encantadora.
  • Cómo llegar: Bergen cuenta con aeropuerto internacional (BGO) y además, al ser una de las ciudades más importantes de Noruega, está conectada con Oslo por tren, avión o barco.
  • Consejo algo obvio: no olvidar un buen impermeable. Y por cierto los berguenses dicen que el paraguas es solo para los turistas.  De cualquier modo encontrarás cantidad de tiendas donde comprar un impermeable o piloto.
  • Lugares imperdibles que ver: el barrio de Bryggen, subir al funicular Fløibanen, Troldhaugen, el mercado del pescado, y excursiones a los fiordos cercanos (especialmente el Sognefjord).

Por todas estas razones, Bergen es mucho más que “la ciudad de la lluvia”. Es un destino que enseña de resiliencia, y de saber pensar el clima desde otro lugar. Una urbe que encontró en la lluvia y el hygge su ritmo, su música y su identidad. Y aunque el clima cambie cien veces en un día, una cosa es segura: si viajas a Bergen, la lluvia será parte del destino, pero también te va a enamorar.

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