Lo digo en crudo: cuando reservamos unas vacaciones en un resort sobre una playa tropical entre la selva, con una piscina a pasos de la arena, estamos contribuyendo a que este paisaje, que ilustra como son las playas en Costa Rica, desaparezca para siempre:

Hace poco compartía en redes una foto similar de esta playa en Costa Rica. Estoy en la región de la Península de Nicoya , más precisamente en Cabuya. Era una imagen que había capturado llegando a la playa junto al mar por un sendero de selva en el que se veían restos de ramas de Palmeras, cocos, ramas caídas de otros árboles inmensos. Aspecto de selva junto a la playa, ni más ni menos. Algunos me comentaron que parecía como si una gran tormenta había dejado un desastre de daños, otros, que la playa se veía sucia. Hasta aquí hemos llegado a naturalizar (paradójicamente) que civilizar, humanizar, progresar, es poner «orden» en la naturaleza.
El paraíso desconocido de Cabuya
Cabuya es un pequeño pueblo que era solo de pescadores menos de un siglo atrás, y actualmente vive una transformación gradual y no tan lenta, en la que llegan a vivir muchos expatriados buscando el paraíso. Está en un extremo de la península, donde «muere» un camino asfaltado parcialmente. Y la naturaleza, el pura vida de Costa Rica, se hace omnipresente. Los árboles pierden la escala humana en su gigantismo, todo es verde y denso. Por ejemplo para ir en bicicleta por el camino, iba esquivando cangrejos.

Pero cuando vas hacia la costa que da fama al pueblo (y aquí va mal el «pero»), uno siente que se acaba la civilización. Hay senderos rústicos en los que hay que esquivar ramas, cocos. Los cangrejos son tantos que cuando se espantan de mis pisadas, hacen crugir las hojas caídas, como si fuera un rugido de la selva. Y luego la playa, con troncos caídos, árboles, restos de madera. Una playa «sucia» de restos de selva, para gran parte de la humanidad.
Hay algo en esta zona, por el momento la única que conozco del país, que los costarricenses hacen muy bien. Por ejemplo, el pueblo de Cabuya no está sobre la playa. Su ruta y calle principal discurre en paralelo unos 400 metros hacia adentro. Para ver el mar hay que alejarse del «centro», que es apenas unos 500 metros de esa ruta con algunos comercios y casas entre la selva. Y la costa la dejaron sin intervenir, sin calle, ni costanera, ni alumbrado, ni siguiera cestos de basura. La costa es naturaleza, a sus anchas, y no se toca. No construyeron ni habilitaron resorts junto al mar, apenas algunos paradores muy distantes que no están sobre la línea de arena, sino metidos en la selva, y que desde la misma playa ni se ven.

Ningún resort alterando un paisaje de costa es aesthetic
Normalizamos que las playas sean «humanizadas». Las selvas son interrumpidas por resorts con piscinas absurdamente cerca de un mar cálido. Conceptualizamos que el placer es beber un refresco en la barra de un resort con vistas al mar, porque la vista inversa (desde el mar hacia la costa) muchas veces es espantosa. El paraíso en un anuncio de una agencia de viajes, en realidad es una selva destruida, y la vista real, mucho menos agraciada. No soy extremista, siempre digo. Se puede vacacionar sin contribuir a este desastre en el que el premio de años de ahorro sea una selfie en una barra de tragos con mar de fondo, antes de que la sombra de un edificio implantado en lo que era selva, nos cubra la cara.
Costa Rica demuestra en muchas partes de costa, que La naturaleza puede desplegarse sin intervención, y que el turismo puede desarrollarse sin alterar eso. El auténtico paraíso es el que aún no conseguimos destruir, paradójicamente, al que acceden unos pocos privilegiados, antes de que se corra la voz y empiece el loteo.
¿Entonces que hacer?. ¿Cancelar el viaje al resort del Caribe?
No, de ninguna manera digo eso. Solo que elegir bien donde alojarse es la mejor forma de contribuir a que cada playa del mundo en estado salvaje no desaparezca. Se que naturalizamos la imagen idílica del resort y la piscina con vista al mar. Pero hay hoteles preciosos, eco amables con el entorno, de pequeña escala y no invasivos. Incluso los hay a pasos de la playa, pero escondidos entre la vegetación, pequeños, y no desplegando estructuras enormes de cemento. Es tan simple como pensar en esto a la hora de elegir nuestro alojamiento, mirar las fotos en la web del hotel, ver que sea una arquitectura no invasiva, que preserven el paisaje, la selva y la costa. Creo que más que nunca está en nuestras manos como consumidores y turistas marcar que es lo que demandamos a los monopolios de hoteles y cadenas hoteleras, que mayoría de veces se preocupan poco o nada por estas variables (para ejemplos, la zona hotelera de Cancún). Y eso, elegir bien, y disfrutar igualmente de unas vacaciones inolvidables en el paraíso tropical.
