¿A dónde viajarían los grandes artistas del pasado? Dalí tal vez eligiría este destino.

Viajar no siempre fue turismo. Para muchos artistas, creativos, pintores, escritores moverse por el mundo fue una auténtica búsqueda: de belleza, de inspiración o de posibles respuesta a sus inquietudes. Para provocar la falta de ideas, o simplemente para meditar sobre sus intereses. Algunos artistas, ya sea escritores, poetas, pintores, viajaron mucho, otros sorprendentemente casi nada. Este post no pretende afirmar verdades absolutas, sino desplegar un juego con la pregunta: si pudiéramos imaginar a los grandes artistas pensando en un viaje que no realizaron, ¿a dónde irían… y por qué?. Un listado de destinos que inspiraron pintores y escritores, y un despliegue de conjeturas de sitios a los que estos artistas deberían haber viajado, o que tal vez, de haber tenido más tiempo, hubiesen elegido para alguna aventura.

Con cada artista, analizaremos destinos reales y documentados; y luego, imaginaremos conjeturas contrafácticas, es decir, lugares donde nunca estuvieron, pero que encajan de forma casi perfecta con su obra, su carácter o su manera de mirar el mundo.

Vincent van Gogh y su búsqueda del sur

El destino real al que viajó Vincent van Gogh fue Arlés, Francia. Van Gogh no viajaba por placer, sino por algo que podríamos definir como supervivencia emocional. En 1888 se mudó a Arlés buscando la luz del sur, convencido de algún modo de que el color podría salvarlo. Y lo logró, al menos durante un tiempo: allí pintó algunos de sus cuadros más famosos.

Pero que sucede si imaginamos un destino posible actual (como parte de una conjetura): quizás Van Gogh exploraría por Andalucía interior. O tal vez Sicilia buscando paisajes secos, una luz cruda, contrastes violentos. Lo que es seguro es que Van Gogh no buscaría ciudades bonitas, sino lugares donde el color realmente conmueve.

destinos que inspiraron pintores y escritores

Virginia Woolf y un viaje como estado mental

Un destino real en la vida de Virginia Woolf fue Cornualles, Inglaterra. Fue allí frente al faro de Godrevy, donde encontró inspiración para escribir Al faro. Virginia Woolf no viajaba para acumular destinos en una lista. Sus desplazamientos fueron, en su mayoría, breves y cercanos: estancias en la costa inglesa, viajes a Escocia, temporadas en casas de campo que le ofrecían silencio, y distancia de Londres. Para Woolf, el viaje no buscaba aparentemente una ruptura drástica, sino una variación del entorno, un cambio sutil. El mar, los paseos largos, las casas frente al paisaje y la repetición cotidiana fueron fuentes constantes de inspiración, visibles en su prosa fragmentaria y sensible. Más que explorar lo desconocido, Woolf tal vez viajaba para pensar con mayor claridad.

Ahora bien, imaginemos un destino posible que eligiría para encontrar material para alguno de sus libros: tal vez Islas del norte de Escocia, con paisajes introspectivos, viento constante, días largos en verano. Lugares donde el pensamiento se impulsa como la actividad principal. Con mucho atrevimiento, tal vez sugeriría a Virginia Woolf una escapada a zonas rurales del norte de Francia. Un cambio sutil, una casa rural rodeada de jardines, luz cambiante y una atmósfera no tan distinta a Inglaterra. Lugares donde la vida se organiza en pequeños gestos diarios, una materia prima esencial para Woolf, que encontraba sentido en lo aparentemente insignificante.

Ernest Hemingway buscando una forma intensa de vivir.

Sabemos que sus destinos reales fueron París, así como Pamplona, Cuba, África. Hemingway viajaba por su necesidad de aventura, una constante búsqueda de inspiración literaria movilizado por su pasión por actividades intensas. Le atraía la tauromaquia, así como la pesca o la caza. Sus viajes eran una completa inmersión cultural mientras que sus vivencias se volcaban directa o indirectamente a su escritura. Y así el viaje era una extensión de su literatura.

Con tal espíritu de aventura, con su curiosidad, entre sus destinos pendientes podríamos conjeturar un viaje a México (quizás a Oaxaca o Chiapas). Reúne casi todo lo que atraía a Hemingway: tradiciones profundas, rituales, mística, conversación intensa y hasta un sentido trágico de la vida. Por supuesto no imaginaríamos para ello el México de resorts, sino el de bares en los pueblos, y por supuesto en pueblos poco o nada turísticos.

En otro viaje posible, me gusta pensar a Hemingway vivenciar la Buenos Aires de su época o la actual, con su enérgica vorágine, su caos encantador, los bares y cafés, las charlas de sobremesa. Y sigo imaginando destinos latinos. Tal vez Colombia, y específicamente Cartagena, con su mezcla de color, calor, su música, y su ambiente tan particular. Lugares donde la vida se vive en la calle, con intensidad y contradicción. También es curioso imaginar a Hemingway enamorado de la Italia del sur, la Italia ruda, hasta caótica, visceral. Tal vez en Sicilia, con sus pueblos mirando al mar, conversaciones en tono fuerte, tradiciones que no tienen intenciones de cambiar. Claro que para una inmersión profunda en tantos destinos, Hemingway, como cualquiera de nosotros, necesitaría más de una vida.

Jorge Luis Borges

Borges alternó gran parte de su vida entre Ginebra, Buenos Aires, y varios puntos de Europa. Aunque sus viajes muchas veces eran familiares, o por cuestiones de salud. También viajó por su fama como escritor a recibir premios, dar charlas. Viajó mucho, pero siempre afirmaba que sus «mejores viajes» ocurrieron en bibliotecas laberínticas. No es nada fácil conjeturar sobre algún destino imaginado para sus viajes posibles.

Lo simple sería pensar que quizá elegiría una ciudad con buenas librerías y calles para perderse: Lisboa, Estambul. O que si bien visitó Islandia (donde incluso tuvo un «casamiento pagano»), su obsesión por las sagas nórdicas y la lengua sajona lo vinculaban permanentemente a una Escandinavia mítica y arcaica. Por su ceguera, María Kodama le describía en Islandia los glaciares, volcanes y formaciones rocosas, mientras él se deleitaba sintiendo el viento, que seguramente le recordaban a los versos de las sagas que había leído décadas atrás. Los viajes a los países nórdicos quizás serían más recurrentes entre sus viajes posibles.

Por otra parte, Borges habría disfrutado de un viaje temporal. Específicamente uno de los destinos que Borges más deseaba «explorar» era el Buenos Aires pretérito, el de los duelos en las esquinas y los patios con aljibes que ya no existían. 

Salvador Dalí.

Si pensamos en Salvador Dalí desde su obra, su personalidad y su manera de vivir el mundo, no iría a un destino “de vacaciones” en el sentido clásico. Hagamos suposiciones fáciles: iría a un lugar donde la realidad se vuelva extraña, donde las formas de las rocas o la naturaleza sean de lo más caprichosas, donde los lugares generan confusiones mentales y simulaciones de anomalías temporales.

Cadaqués y Portlligat (Cataluña)

Un buen ejemplo del tipo de lugares que fascinaron y marcaron para siempre a Salvador Dalí fue el paisaje de su infancia. No solo porque eligió vivir allí. El paisaje rocoso de la zona de Cadaqués parece tallado por artistas, el mar, la luz y el viento tramontana del Cap de Creus marcaron toda su estética. Para Dalí, ese sitio no era descanso: era laboratorio.

Un desierto (probablemente el Sahara)

Dalí estaba obsesionado con los paisajes vacíos, infinitos y silenciosos, donde el tiempo parece derretirse (literalmente). El desierto representa el espacio perfecto para su imaginario: la percepción temporal se transforma. Iría para contemplar el vacío y dejar que la mente se largue a imaginar.

Italia, pero fuera de temporada

Dalí adoraba el clasicismo, la pintura renacentista y la teatralidad. Pero entendemos que jamás soportaría la experiencia turística estándar. Tal vez iría a Italia en una época ficticia en que el país parece un decorado abandonado sin turistas, fuera de temporada, porque para él el arte debía dialogar con el silencio y la exageración, no con la multitud. Sabemos que hoy eso es casi imposible. El lugar ideal para Salvador Dalí sería siempre uno que active la imaginación, no el descanso.

Y hasta un último párrafo llegamos con este pequeño listado de destinos que inspiraron pintores y escritores, así como de viajes imaginarios que quedaron «pendientes» para estos mismos artistas. Es un ejercicio interesante, pensar viajes desde la inspiración, indagar sobre el tipo de destino que nuestros artistas favoritos hubiesen emprendido en otras vidas. Pueden dejar sugerencias en comentarios, así como ideas de sus autores favoritos y los destinos que imaginarían.

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