Treinta días (relato de viaje)

No fue a primera vista. Casi nunca me nace así. Ni siquiera fueron buenas las primeras impresiones. Me desconcertaba en ese aura inabarcable en el que se desenvolvía, su caos, sus delirios imperiales. Desconocía sus límites a simple vista. Empecé a stalkearla mucho antes del viaje. No hablaba su idioma, ni profesé nunca su credo (yo tan agnóstico).

Pasó poco tiempo desde ese primer desaire hasta que me entregué, sin más, a su encanto. Tal vez una semana. Nos conocimos en el más postergado «finalmente». En un comienzo de otoño con sabor a verano dispuesto a quedarse. En nuestras caminatas me explicaba que el mismo caos que aparentaba, era un embrujo capaz de encantar almas como serpientes. Y así fue. En cada paso que dábamos pedía una nueva oportunidad sin decirlo. Me hablaba a través de sus calles, y se desplegaba en su sinceridad sin artificio alguno: el caos era su lengua, el mismo en que se desenvolvía en las calles de Fanar y Balat. Con sus facetas de inocultable decadencia hacía arte. Intentaba seducirme sutilmente en el escenográfico Kuzgunkuk, o en el recorrido consciente en el atardecer de Ortaköy, sabiéndose tan inolvidable.

Después de dos semanas  no podía negar que lo que vivíamos me dejaría huella. Me seducía invitándome a barrios aún más alejados, para convencerme que era uno más en su mundo de capas interminables. Me atrapaba en sus laberintos, e intentaba convencerme de que no necesitaba salir. Parecía entender todo lo que buscaba y necesitaba. Sin embargo yo, estúpidamente, por momentos resistía distante. Tardé en entender que en ese encantamiento creciente había amor.

Fueron treinta días entregados a darlo todo, descomponer juntos todo lo que creíamos sólido. Su belleza opacaba el caos, el esfuerzo de sus pendientes pronunciadas, su bullicio. Compartimos un lugar impreciso en el que solía vivir extasiado, un tiempo en el que sentía posible adoptar su sincretismo, sus cicatrices, sus fantasmas, pasar página una y otra vez en un libro de mil capítulos. 

Treinta días intensos en los que nos entregamos, aún conociendo el final. En la última semana aceptamos que pensar un futuro compartido no tenía sentido: todo ese idilio entraría tarde o temprano en fade out. Ambos habíamos pasado por eso previamente, lo presentíamos. Los días finales se consumieron en resignación. Fue un pacto frío y calculado al detalle. 

Incluso durante mi vuelo de regreso me alegré de que todo terminara así. Hasta llegué a pensar que conocernos de ese modo pudo ser un error. 

Un tiempo después aún me invaden recuerdos que cuestionan el final de esa historia. Es inesperado encontrarme hablando, escribiendo, recordando, ocultando lo que siento. Me apuntalo en la incerteza de que tal vez el tiempo nos convierta en dos extraños, de esos que sienten reparo de iniciar una conversación. Me toca sanar mi desapego herido. Treinta días bastaron para quedar sopesando el sentido del movimiento. Yo tan nómade, y vos tan Estambul.

63 comentarios de “Treinta días (relato de viaje)

  1. Susana dice:

    Cómo siempre me dejaste ganas de conocer ….bello relato, podía ser una chica ..jajaja….conociéndote un poquito me imaginé un lugar y me apure para llegar al final. No dejes de escribir….felicidades!!

  2. Anibal dice:

    Impecable y tierno relato. Y refleja ese modo tan loco (genial maravilloso) modo de vida que llevas. Ese delicado ensoñamiento… Muy bueno 👏👏👏🤗

  3. Silvina dice:

    Mati,
    Es muy difícil encontrar las palabras justas cuando se quiere transmitir tanto sentir. Muy bonito lo que escribiste, hacen que las fotos se vean de otra manera.

  4. Silvia Lesca dice:

    Me encantan tus relatos literario y fotografico. Escribes super bien y tus fotografías ilustran a la perfección tu relato.

  5. Adriana Calace dice:

    Hermoso relato! Me fascina leer experiencias vividas en viajes x el mundo, ya que amaría vivir viajando!!! Gracias por hacer volar los sueños!!!! Abrazo desde Uruguay!

  6. Gabriela dice:

    Yo no la conocí tan profundamente, de hecho, de tus post guardé información para un ansiado próximo encuentro, pero Estambul, en menos tiempo, me cautivó igual.
    Cuando sea grande (😂) quiero ser como vos! Gracias por comprartirnos tanto.

      • Fabiana Valles dice:

        Maravilloso!! Tu relato y obvio Estambul,uno de mis sueños es algún día recorrer sus calles,mercados ,su cultura… tan antítesis de la nuestra.
        Tu mirada hace que lo desee más. Gracias!!

      • Claudia dice:

        La primera vez que te leo y me encantó !! Como buena lectora ,me sentí parte de tu historia, me dejé llevar por las callecitas de gran Bazar !! Mira si miro novelas!!😅🤭🙆‍♀️!! Saludos desde Santa Fe!!🤗🤗

    • Sandra dice:

      Tu relato es una verdadera pieza literaria.
      Te sigo hace años y nunca me emocionante tanto como con este que acabo de leer.
      Sos un gran escritor Mati, además de mostrarnos el mundo a través de tus ojos nos enriquecés el espíritu con tus palabras.
      GRACIAS

      • Matías Callone dice:

        Hola Sandra, gracias por leer y comentar. Me alegra saber que el texto pueda emocionar desde el otro lado. Escribir es algo que disfruto mucho desde siempre así que gracias de nuevo. Abrazo

  7. Maria del Carmen Garcia dice:

    Hola Mati, me encantó el relato; con encanto y gracias por tus historias y los hermosos lugares que nos mostras!!

  8. Emma M. dice:

    😱😱😱 Sabes que soy tu ferviente seguidora ya de mucho tiempo Mati querido!!! Si tengo cierta fascinación por tus fotos donde siempre consigues un ángulo perfecto para nuestros ojos tus relatos son acordes a esa magia que transmites en tus fotos… Es bellísimo tu relato, quedé enajenada debo confesar que cautivó por qué transmites esa pasión de siempre! Gracias Mati por compartir, que sean más relatos muchos más como éste ☺️

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *