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Cuando uno camina por primera vez las ruinas de lo que alguna vez fue Villa Epecuén, la sensación es la de entrar en una escenografía apocalíptica. Y parece una obviedad decirlo, pero caminar por esta ciudad de escombros y árboles escuálidos “muertos de pie”, es un choque de bruces con la idea de vulnerabilidad total en la que estamos inmersos ante la naturaleza.

Imágenes (*) Matías Callone

Villa Epecuén fue construida en el lugar equivocado, esto es a orillas de una laguna al suroeste de la provincia de Buenos Aires que aparentaba tener un nivel estable durante décadas. Según las autoridades Villa Epecuén “jamás se inundaría”, una negación que se sostuvo hasta el día anterior de la catástrofe (y todo muy a pesar de los avisos y alertas que venía anunciando la creciente del agua).  Lo de sacar la conclusión de que no hay que creer en nuestros gobernantes lo dejo a criterios personales.

Villa Epecuen

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Villa Epecuén creció desde los años veinte del siglo pasado gracias a la fama de las aguas hiper salinas (y con propiedades saludables) para quienes tomaran un baño en ellas. Para ubicarnos con más precisión, estamos a 600 kilómetros de Buenos Aires y en la última de una serie de lagunas encadenadas en una depresión sin salida al mar. Allí llegaban visitantes desde todo el país, incluso en tren gracias a una estación que hoy funciona como un museo de la catástrofe.

La inundación: en el año 1985 una serie de lluvias presagiaron lo peor: el nivel del agua del lago no paraba de subir y amenazaba con superar los terraplenes de contención, hecho que sucede hacia finales de la primavera. El agua no dejó de subir de forma gradual hasta su pico máximo en el año 1993, y literalmente hubo que desalojar toda la ciudad (eso incluyó desmantelar el cementerio). Sus habitantes perdieron todo y en su mayoría se trasladaron a empezar una nueva vida en la vecina ciudad de Carhué. El agua mantuvo sumergida la ciudad durante 20 años hasta comenzar a descender lentamente y dejar a la vista un paisaje desolador.

Las fotos que siguen las hice en atardecer y por la noche en mis primeras incursiones en fotografía nocturna:

Villa Epecuen

Algunas de las calles de Epecuén aún son ríos:

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Los cielos estrellados, la noche, y los escombros suman desolación:

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Aunque con la última luz del día la sensación no cambia demasiado:

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La mayoría de edificaciones después de 30 años apenas mantienen algunas paredes en pie:

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Pero algunas imágenes directamente son puro surrealismo:

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En esta imagen se ve lo que queda de la fachada del banco:

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La quietud:

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Creo que los árboles muertos definitivamente se transformaron en un leitmotiv fotográfico en mi paso por Epecuén:

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Es curioso encontrar objetos ochentosos entre las ruinas:

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Los árboles fantasma y la noche:

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La inundación puso a prueba la calidad constructiva de las edificaciones: hay casas que resisten mejor.

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Una esquina cualquiera de Villa Epecuén:

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Y para finalizar, más árboles:

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Al momento de la inundación, Villa Epecuén contaba con poco más de mil habitantes, pero con plazas hoteleras para recibir a casi 8.000 turistas en simultáneo. Subestimar las fuerzas de la naturaleza es una empresa que puede terminar en la quiebra. Y en este caso, la “quiebra” significó para los habitantes de esta próspera ciudad turística perder todo (menos la vida, porque no hubo víctimas fatales directas en la inundación).

Villa Epecuén es la ciudad que estuvo 20 años bajo el agua, y que hoy permite caminar en algunas de sus partes como un atractivo turístico capaz de catalogarse en el “turismo de catástrofe”. Sobre la antigua calle principal de la ciudad hay una especie de centro de visitantes donde se paga una entrada que contribuye a preservar la memoria del lugar. Hay algunas indicaciones en el recorrido que indican lugares destacados del antiguo poblado donde hoy solo yacen ruinas: el banco, el asilo de ancianos, los restaurantes, la fábrica de alfajores, la plaza.

Para finalizar les dejo en un mapa la ubicación de Villa Epecuén (por supuesto que no esperen que esté relevado con Street View :P):

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6 Comentarios

  1. Muy buenas tus fotos, con el tono justo! Hay bastante literatura sobre Villa Epecuén y lo que escribiste vos es un justo resumen, para picar el anzuelo y averiguar más 🙂

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