5 experiencias housesitting de mi viaje alrededor del mundo

HouseSitting: un modo de viajar que de alguna forma, es un sueño hecho realidad. Poder trabajar y viajar al mismo tiempo y tener la oportunidad no sólo de poder fluir con tus procesos creativos sino de cambiar de escenario, conocer nuevos lugares y culturas y además tener tiempo para ti mismo… ¡Es realmente algo inolvidable (y una de las razones por la cual me considero una chica afortunada)! Durante dos años completos viajé cuidando casas, mascotas y jardines alrededor del mundo. Es imposible elegir cinco experiencias sin dejar afuera muchas más, sin embargo haré el intento.

1) Siem Reap, Camboya

Angkor Wat

Staffan Scherz

Llegamos a Siem Reap en una tarde calurosa y húmeda después de todo un día de viaje desde Bangkok, Tailandia. El día en que conocimos a los dueños de la casa que íbamos a cuidar el centro y varias zonas aledañas de la ciudad estaban sin luz hacía varios días, porque lo que darnos un baño refrescante fue una aventura (¡y realmente lo necesitábamos!). Literalmente conocimos nuestra nueva casa en penumbras. Allí vivimos durante 6 semanas. Conocí Siem Reap en época de sequía, anduve en bicicleta por los templos, tuve tiempo de explorar pagodas alejadas y desconocidas, y experimentar de cerca una boda camboyana, en la que fui invitada de honor.

Me llamó la atención: el ritual por el cual los novios de la boda liberan pájaros con sus manos.
Algo que no olvidaré: el sabor de la limonada fresca cada noche en uno de los bares de Siem Reap.

 

2) Pulau Weh, Indonesia

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Ben Bland

Tres horas de viaje en ferry desde Banda Aceh nos dejaron en Sabang, en donde nos recogió la dueña de la casa. Durante seis semanas en Indonesia hice snorkelling, tomé jugo de coco, fui al kilómetro cero de un país enorme a mirar el océano desde arriba, viví en una casa de madera y escuché historias de primera mano del tsunami que arrasó Asia en el año 2004. Fue la primera vez que viví en una isla, y fueron muchos los días en que me pregunté qué estaba haciendo ahí. Además aprendí una religión por el cual las mujeres están lejos del agua y el sabor delicioso de la comida callejera en Indonesia.

No voy a olvidar: una de las tormentas más hermosas que viví en mi vida.

3) Kurow, Nueva Zelanda

Waitaki Hotel, Kurow

Matt

Llegué a Kurow «de casualidad», un pequeño pueblo de la isla sur de Nueva Zelanda, en donde sólo viven 300 personas. Si bien era verano hizo muchísimo frío así que pasé días enteros escribiendo y escuchando llover. Trabajé en la huerta, hice pequeñas caminatas, me sumergí en un río congelado y celeste, pero ante todo lo preciado de ese viaje fue la posibilidad que me dio un país de descansar, de no tener una bucket list o cosas por hacer ¡Salvo escribir!

Me gustó: conocer una Nueva Zelanda distinta, que no podría nunca caer bajo las garras de la publicidad y el turismo (¡créanme, Kurow es el último pueblo que desearían visitar de ese país bellísimo!).
Algo que recordar: la visita de un vecino que me dijo que por favor le explicara qué era ese té raro que toman los cowboys argentinos.
Un momento especial: ¡El cuidado del jardín! Cuando dejé esa casa los dueños encontraron una huerta llena de vegetales frescos y plantas florecidas.

4) Malak Izvor, Bulgaria

Rila Mountain, Bulgaria

Stella

Era momento de salir de la zona Schenguen y renovar mi visa, por lo que buscando encontré una oportunidad de cuidar una casa en las montañas de un pueblo llamado Malak Izvor. Tuve una sensación de que DEBÍA ir, pero también tenía miedo. ¿Quién sería el dueño? ¿Alguien hablaría inglés? No sabía nada de Bulgaria y eso hizo que me enamorara de un país auténtico y diferente. Viví una de las mejores cuatro semanas de mi vida. La casa de madera, las sorpresas del pueblo, el sabor del queso ácido que todavía sigue preparándose de forma tradicional, y los tres perros que cuidé, los cuales fueron mis guías en mis largas caminatas por la montaña fueron los condimentos de una hermosa experiencia haciendo housesitting.

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Un momento dulce: cuando después de muchos años descubrí que en Malak Izvor había luciérnagas y me pasé noches enteras mirándolas volar en el jardín.
Un momento triste: despedirme de mis perros, porque fueron mis compañeros durante cuatro semanas ¡Y es posible que no vuelva a verlos en un largo tiempo!

5) Ortahisar, Turquía

Cappadocia balloon trip, Ortahisar Castle

Arian Swegers

Mucha gente me había dicho que tenía que venir a Cappadocia si volvía a Turquía, pero lo que jamás pensé es que iba a volver ¡a hacer housesitting! Cuando encontré esta oferta postulé de inmediato, aún cuando era por pocos días, porque sabía que esta oportunidad no se iba a volver a repetir. De repente me encontré viviendo en un pueblo típico de Turquía Central, en una casa-cueva llena de libros,escuchando el canto de la mezquita a las 16:30 (y también al as 4:30am) y las mujeres vecinas que siempre encuentro por las tardes tejiendo sentadas en las veredas de Ortahisar.

No olvidaré: mis caminatas a las 7 de la mañana por las montañas cercanas, en donde he encontrado pequeñas capillas bizantinas que todavía guardan memorias de esas épocas en forma de pinturas.

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