12 señales de que tu viaje te ha llevado lejos (y te encuentras muy lejos de casa)

Todavía no tengo en claro que exista algo así llamado «Occidente», porque al viajar he matizado todo tipo de acepciones que tienden a generalizar  la experiencia que tenemos del mundo. Sin embargo no puedo negar que al viajar percibimos diferencias muy notorias, desde la forma en que usamos el espacio, el tiempo, la manera de relacionarnos, etc. Y aunque muchas veces viajamos de locales o intentamos sumergirnos en una cultura para entender más cómo funciona ese mundo en particular, hay situaciones que nos ponen de manifiesto, (no sólo desde fuera sino también internamente) momentos de viaje que nos hacen pensar (¡y reafirmar!) dos veces los motivos por los cuales estamos tan lejos de casa.

Y otra nota más antes de comenzar: algo que he aprendido en este viaje es que esté donde esté, no importan las diferencias que me separen de otras personas, no dejamos nunca de ser todos seres humanos.

Casamiento en Camboya

Ramiro Ramirez

1) Te sorprendes con esos alimentos tan «extraños»

Algo que me sorprende de viajar es cómo cada cultura resuelve los mismos «problemas» de formas diferentes. Y si hay algo que nos caracteriza como occidentales es llegar a un mercado asiático y mirar los productos que allí se exhiben con cara de «qué es esto». Supongo que ver insectos y otro tipo de animales listos para ser ingeridos y sentir que eso no es para ti es una de las señales de que has crecido en otra parte del mundo. Y aunque te puedes animar a una cucaracha, una araña o insectos todavía más extraños, no creo que incluyas estos elementos como parte de tu dieta una vez que vuelvas a casa.

McKay Savage

2) Te sorprendes hasta con los sonidos

Te encuentras por primera vez en un país musulmán. Has dejado las cosas en el hostel y sales a explorar la ciudad. Y de repente sientes los cantos de oración de las mezquitas. ¡Sorprendente! El primer instante en que los escuché fue tan intenso que no pude siquiera preguntarme qué estaba pasando. Entender cómo en una ciudad desaparecen los muros cinco veces (o aún más) cada día gracias a estos cantos es algo que no deja de sacarme lágrimas cada vez que tengo la oportunidad de escucharlos. Y por momentos esta «música» te hace acordar a algo y piensas: «¿pero es que este tema era banda sonora de qué película?»

3) Sientes que no tienes ni genuina idea de lo que significa regatear

Algo común a muchos países de Asia (aunque también en otras regiones del mundo) es el regateo… Y está claro que no sabes regatear, y por mucho que hayas estudiado acerca del tema, leído libros interesantísimos sobre el regateo, de cómo es parte de ciertas culturas e incluso puede ser negativo si no aceptas el juego, puedo prometerte que la primera vez que lo intentes, fallarás. Y quizás la segunda y la tercera, hasta que te des cuenta de que no sirve de nada ser tímido en estas situaciones y aprenderás una forma diferente de acercarte a los mercados.

4) Necesitas más espacio

Hay ciertas cosas que me generan cierta «incomodidad» y es la falta de espacio personal, esos benditos 50 centímetros gracias a los cuales puedo pensar claramente y conversar con alguien sin tener que vigilar los ojos y los oídos ajenos, estando segura que mi intimidad no será revelada gracias a que 30 personas están escuchándome mientras decido el destino de mi viaje. Pero la intimidad no es algo que se exprese de la misma forma en todo el mundo. Muchos de los viajeros que han tenido la osadía de viajar a India me cuentan que una de las primeras cosas que piensan y sienten es «aquí hay demasiada personas, necesito soledad», y sin embargo para muchos otros esta diferencia incrementa la increíble sensación de estar de viaje.

5) Te conviertes en una «estrella de Hollywood» (por dos minutos)

En Camboya me sucedió algo gracioso: un día salí a caminar sola por Siem Reap con mi cámara de fotos en mano y encontré de casualidad dos bodas de jóvenes del lugar llevándose a cabo en una pagoda, por lo cual me quedé escondida en la puerta de entrada absolutamente sorprendida (¡y feliz!) de lo que estaba viendo. Cuando el ritual terminó los novios y los amigos de los novios se fueron a un parque vistiendo por supuesto ropas tradicionales a sacarse fotos. Y yo aproveché la situación para tomar mis propias fotografías, hasta que… uno de los amigos me descubrió, me hizo una seña de que me acercara, todos sacaron sus móviles y yo pasé a ser el centro de atención de la fiesta.

cambodia

Dennis Jarvis

 

6) Llevas encima el equipaje, y también esos «miedos de película»

No sé si has estado en Tailandia, pero para mi Bangkok no sólo era una de las ciudades más grandes del mundo, sino también una de las más peligrosas, percepción generada después de que mucha gente me aconsejara: «Hagas lo que hagas, nunca termines en una cárcel en Tailandia». Claro que no puedo hablar de esa experiencia (felizmente Maga, felizmente), pero la ciudad, además de que es enorme y calurosa es una ciudad en la que se vive en la calle, y quizás esa es la razón por la cual a muchos viajeros nos causa un tipo de pánico extremo (y además, demasiado cine antes viajar). Sí, estuve nerviosa cuando el taxista parecía desorientado en su propia ciudad, sí, caminé rápido cuando por error se me hizo la noche sin saber a dónde estaba. Pero si te cuidas y eres respetuoso, no deberías tener ningún problema en el país de las sonrisas. Y además pienso: ¡ya basta de creer tanto a lo que nos cuentan las películas de Hollywood respecto del resto del mundo!

7) Descubres esos medios de transporte tan «particulares»

Lo primero que haces al llegar a un país asiático si eres lo suficientemente valiente es subirte a un tuk tuk (los mototaxis favoritos del continente). Recuerdo haberme subido a uno con dos sensaciones clarísimas: la primera, admiración. ¿Cómo es posible que esa gente conduzca con tal grado de locura y todavía tenga el sistema nervioso central intacto? La segunda: terror (o también llamado instinto de supervivencia). Creo que a los choferes de Tailandia, Camboya y Bolivia (¡porque conducen realmente con maestría asiática!) debemos darles el premio a la mejor conducción del planeta. Y para los viajeros recién llegados siempre será una aventura diferente sumergirnos en el mundo de los tuk tuks.

Amber de bruin

8) Sientes que no tienes células en tu cuerpo, sino dólares…

A veces ser viajero en ciertas tierras desconocidas tiene su lado negativo, y es que así como nosotros tenemos estereotipos acerca de ciertos países asiáticos (y el resto del mundo) ellos también tiene estereotipos respecto de los aventureros que arriban al país. Está claro que tú traes dólares, no importa si me explicas que eres argentino y que tu dinero no vale demasiado en el exterior: si traes mochila, mapa y tienes cara de no saber qué estás haciendo en Asia, entonces traes dinero. Y en mi caso tenía tanto dinero en Camboya que no tuve otra opción que vender todas mis cosas para seguir viajando (incluida la mochila).

9) Terminas invitado a un casamiento en el que no conoces a nadie

Pero seguramente terminarás compartiendo desayuno, almuerzo y cena con los familiares de los novios. ¿No te has enterado de que ahora eres invitado de lujo? Juro que cuando mis vecinos en Camboya vinieron a invitarme al casamiento de su hija tuve una mezcla extraña de sensamientos: por un lado, claro está, alegría máxima, poder participar de un ritual de este tamaño no es algo que suceda todos los días. Y luego vergüenza: ¿pero qué voy a hacer yo a ese casamiento si no conozco a nadie? Por último, culpa: ¿por qué YO, la extranjera que no sabe nada de la cultura ni de la familia está sentada en la mesa principal con los novios y no están aquí sus mejores amigos, sus parientes cercanos? Finalmente acepté que formaría parte de un álbum de fotos de casamiento, y quizás hasta los novios podrían inventar algunas versiones respecto de mi presencia allí.

10) Deseas vestirse con cierto aire exótico-étnico… y terminas disfrazado

No sé por qué los viajeros tenemos esa extraña manía de querer parecernos «demasiado» a los locales. Y en ese esfuerzo terminamos pareciendo todavía más viajeros de lo que nos gustaría. ¿Por qué cuando llegamos al Sudeste Asiático compramos babuchas y playeras que nos quedan grandes con coloridos tigres estampados? Sí, ya sé, son realmente económicas pero ¿es realmente necesario que todos los viajeros aparezcamos con exactamente la misma ropa cuando nos aventuramos por aquellos lugares? Cuando estuve en Bolivia (que vale aclarar, no está en oriente) me reí hasta el cansancio de vernos a todos vestidos con los clásicos gorritos con llamas, polainas y guantes. ¿Es que acaso no teníamos ropa de abrigo en casa?

11) Extrañas un poco de silencio

Porque así como te sientes diferente al comprender que 50 centímetros de espacio en algunos países es un lujo, lo mismo se explica para los sonidos que percibes al llegar a un país nuevo. Siempre me he preguntado cómo hace la gente para vivir en Bangkok, una ciudad que no tiene un segundo de silencio, al menos en los barrios que tuve la suerte de conocer. ¿No sienten esa especie de psicosis (que se expresa en un claro «voy a matar a alguien en cualquier momento si no se callan») cuando necesitan dormir y nadie hace silencio? ¿Aquí no conocen la frase «shhh… está durmiendo, no hagas ruido»? Sin embargo para muchos otros el silencio descomunal de ciertas ciudades occidentales es una huella de que allí falta vida, por lo cual muchos viajeros deciden quedarse a vivir en ciudades como Bangkok, en donde siempre encontrarás cosas increíbles sucediendo durante el día.

Imagen

12) Descubres que el choque cultural puede ser grande, pero menos de lo que imaginabas

Al escribir todos estos puntos tengo la extraña sensación de que acerca de cada ítem podríamos escribir muchísimo más, debatir, e incluso me pregunto si es necesario escribir sobre cosas tan opuestas como «alimentos extraños de Asia» y aquello que sentimos cuando pisamos por primera vez un país musulmán. Pero pienso que debo incluir este punto porque de una u otra forma también en mi caso el choque cultural llevó a darme cuenta de que la mayor cantidad de información que tenemos de los países musulmanes es como mínimo negativa, y que las experiencias suelen ser como mínimo positivas.

Cuando bajé del avión en Turquía estaba feliz porque era la primera vez que salía de «Occidente» (repito: no me gustan los términos generalizadores), pero también estaba preocupada. ¿Debería llevar velo? ¿Sucederá algo malo si no lo tengo? ¿Me mirarán de forma extraña? ¿Tendré que decir que estoy casada? ¿Me aceptarán? (Agrego una nota: sólo estuve en dos países musulmanes y en ninguno de ellos tuve problema con «mi vestimenta», pero sí comprendo que hay países en los cuales las mujeres debemos tener precaución respecto de la ropa que utilizaremos allí). Creo que «los occidentales» hemos visto demasiadas películas y que ese background muchas veces nos juega en contra al arribar a un nuevo país.

 

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