Un pueblo «colgado» sobre uno de los valles más bonitos de Suiza (Wengen)

¿Qué tendrá Suiza que sus pueblos son tan únicos y atractivos que es imposible no caer rendidos ante ellos en la primera impresión? Basta una (buena) fotografía para quedarse atontado deseando estar allí, como ocurre al ver Wengen, el pueblo “colgado” sobre un valle suizo de ensueños.

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Wengen está dentro de los confines de la localidad Oberland bernés, en el cantón de Berna. Los picos de las montañas se ven de cerca porque queda a una altura de 1274 metros sobre el nivel del mar, y desde sus valles vale levantar la vista y sentirse abrazado por las montañas Eiger, Mönch y Jungfrau.

Claro, semejantes paisajes, tanta paz, tanto aire puro, debían de ser parte de un circuito turístico, y en este caso, lo es del Jungfrau, que además forma parte del Patrimonio de la Humanidad de la Unesco.

Craig Stanfill

La tranquilidad de este pueblo está garantizada pues no hay coches ni carreteras que pasen cerca. Para llegar hasta este paraíso suizo se puede tomar el tren de cremallera que funciona desde 1893 y que sale desde Lauterbrunnen. Eso sí, para moverte dentro de Wengen sí hay algunos taxis eléctricos.

El ritmo campesino de sus apenas 1.300 habitantes cambia abruptamente en la temporada de invierno cuando llega a haber 10.000 personas pululando por sus calles y disfrutando de los muchos deportes que se pueden practicar en la nieve. La competición más conocida de deportes blancos que se hace en Wengen es la Lauberhorn, una de las carreras de la Copa del Mundo de Esquí Alpino.

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No hace falta aguzar mucho la imaginación para entender la vida solitaria y sencilla que llevaban los habitantes del pueblo “colgado” sobre este valle. Esa normalidad cansina se veía sacudida por alguna avalancha desafortunada o la peste del siglo XVII. Hasta que, un siglo después de este última fatalidad, empezara a figurar en el radar de los viajeros que pasaban camino a otros sitios y que empezaron a ver su belleza como algo distintivo y meritorio, digno de hacer una parada extra en su itinerario.

Ruttger de Moddertucker

Por entonces la mejor prensa posible para que Wengen se conformara en un destino vacacional de los más buscados la hicieron grandes figuras de la cultura como el compositor Mendelsshohn, quien visitó el lugar, y Percy, Mary Shelley y Lord Byron que mencionaban el pueblo en sus obras y lo hicieron deseado por todos los que podían salir de sus ciudades a descubrir nuevos rumbos.

Ya desde 1859 existió una casa que se dedicaba a recibir huéspedes en Wengen, llamada ‘Launerhaus’ y podía dar refugio a 30 personas, y cuando en 1890 comenzó a funcionar el ferrocarril, el combo estuvo listo para ser explosivo. Y así fue.

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El mayor efecto distorsivo del paisaje recién llegó en este siglo con una proliferación de alojamientos de vacaciones que afectó un poco al paisaje pero que no logró menguar la armonía visual ni el encanto que irradia este recóndito sitio suizo.

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Todo el año Wengen es un destino distinguido y sencillo a la vez pero si quieres formar parte del Lauberhorn, la carrera clásica del esquí alpino, tienes que ir en enero. Si no llegas a tiempo, bien puedes conformarte bajando por la pista de descenso más larga del mundo, con 4.455 m, que te aseguran un rato a pura adrenalina.

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