El principal enemigo para iniciar el viaje de tus sueños: zona de confort

«El dinero no me alcanza», «mi familia no soportaría mi ausencia», «perdería mi trabajo» y la lista de excusas para no salir en el viaje que tanto sueñas podría seguir hasta el infinito. La buena noticia es que ninguna de ellas es motivo suficiente para que te quedes sin hacerlo. Todo lo que necesitas es seguir tus deseos y dejar de impedirte hacer aquello que te nace desde tu interior. Eso lo lograrás desactivando ese miedo a arriesgarte que se llama «zona de confort».

Nick Richards

Tu zona de confort es esa rutina dentro de la cual te sientes como pez en el agua. La mayor parte del tiempo de cada día actúas de memoria y sin sentir ese subidón de energía que te embarga cuando la cotidianidad se rompe y no sabes cuál es la respuesta correcta. Es levantarte y saber por qué camino tomar para llegar al mismo lugar, saber las caras que verás y qué se espera que hagas.

Cuando algo rompe esa sucesión lineal de hechos, sentís el piso esfumarse y la mente se arremolina en tantas conjeturas como puede hasta dar con la salida más apta a la situación. No puedes dudar que los mejores momentos, en los que haber saldado un desafío se siente gratificante y estimulante, son los mejores.

Pongamos una situación un tanto alocada: aparece alguien un día y te dice que cumplirá ese sueño que tanto anhelaste. Se encargará de todo lo necesario sin que tu siquiera tengas que mover un dedo. Lo que quieras, piensa. La reacción, muy al contrario de lo que esperas, será la de un súbito pánico que te paralizará, un miedo que intentará atarte a tu situación actual, segura y previsible, en la cual no corres ningún riesgo (salvo el de morir de aburrimiento, tal vez).

Tu zona de confort te susurrará toda clase  de motivos para que no arriesgues nada de lo que tienes, aún cuando sabes que la ganancia que te espera lanzándote a lo desconocido puede ser más maravillosa de lo que puedas creer. En nuestra sociedad, nos han enseñado a hacerle más caso a los miedos que a los sueños, ¿no crees? Por eso, si estás pensando en dar la vuelta al mundo, conocer tu continente, cruzar el charco y vivir en otra cultura, lo mejor que puedes hacer es romper tu «zona de confort».

Si pierdes el trabajo y los cumpleaños de tus sobrinos, si no sabés cuánto durará el dinero, si no sabes hablar el idioma, ¿qué importa? Es preferible arriesgarse a una aventura que quedarse en la comodidad de una rutina que no te está satisfaciendo. La sociedad te mirará raro porque también a los otros la zona de confort los ata y ver que alguien está a punto de transgredirla les da un poco de miedo (y los estimula a hacer lo mismo, en el fondo).

En mi caso, no hace mucho me animé a salir de un trabajo cómodo y seguro para apostar a trabajar de mi profesión de manera independiente. No fue fácil, costó mucho decidirme y fue muy importante sentirme respaldada por mi entorno para poder hacerlo. Al mismo tiempo,  me mudé de la casa materna para iniciar mi propia experiencia de convivir con mi novio. Otra vez, me resistía al cambio. Mi zona de confort era demasiado buena y costó mucho dejarla. A casi un año, los resultados se están empezando a sentir y son cada vez más satisfactorios y ya estoy pensando qué otro desafío encararé para seguir practicando esto de vencer mis propios miedos.

Con el tiempo, cada salida de tu zona de confort te hará más ágil, más abierto y fuerte. Pronto, salir de la zona será tu zona y la vida como la conociste ya no será más que una nueva opción que aguarda antes de otra nueva aventura. Salir de lo previsible te ayudará a crecer y a conocer que no hay límites que sean lo suficientemente fuertes para impedirte ser lo que más desees. ¿Has sentido a tu zona de confort como una limitante? Te propongo algo: ¡atraviésala! Nada te hará sentir mejor.

 

Fuente: ExitoSocial

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