Mi encuentro con Assilah, la medina blanca de Marruecos

La medina de Assilah, en Marruecos, es la medina que menos se parece a una medina marroquí. Yo diría que más que medina marroquí es un “museo a cielo abierto”.

Cuando llegamos a Assilah, (también conocida como Arcila o Arzila) en la costa occidental de Marruecos, ya habíamos recorrido gran parte del país. Ya teníamos más o menos claro qué eran las medinas. Sabíamos que son las partes antiguas de las ciudades; que están amuralladas; que presentan calles y callejuelas laberínticas, con mercados o zocos; que suelen estar sucias, con mucha gente y muchos vendedores ambulantes de comida y recuerdos para el viajero; que en un mismo callejón el olor a tajín y a las ricas especias se mezcla con los olores de los animales que pasean libremente junto a sus dueños y que, aunque no quieras, es muy posible que te pierdas en ellas.

Nada de esto sucede en Assilah. O si sucede, es en mucha menor medida que en las medinas de Tetúan, Fez, Rabat o Marrackech. La medina de Asilah, conocida como la medina blanca, pareciera estar preparada sólo para el turista. Las paredes blancas, con los marcos de las puertas y ventanas pintados de azul y verde les dan una sensación inmaculada que no comparte con ninguna otra medina del país. Podemos encontrarle un parecido con la medina de Essaouira, por lo blanco de sus paredes, su cercanía al mar y su vida pesquera, pero aún así, Assilah es diferente. Hay algo que la hace especial.

¿Serán sus murales? Mientras caminás sin rumbo fijo por sus callejuelas vas descubriendo obras de arte que llenan de color las paredes blancas. Caminar y descubrir en cada rincón un nuevo mural fue una de las actividades que más disfruté de mi paso por Assilah. Siempre trataba de identificar la firma del artista para imaginarme quién los había realizado. Un verdadero museo a cielo abierto.

¿Serán las vistas al mar? Sus murallas son el lugar perfecto para pasar horas mirando el mar y esperar el atardecer. Grupos de amigos, familias y turistas se reúnen allí para contemplar la inmensidad del océano. Para nosotros fue un momento de reflexión y relax. Nos sentamos en una de las paredes, miramos fijo hacia el horizonte e imaginamos que América estaba ahí nomás, del otro lado. Mientras Dino escuchaba en sus auriculares alguna linda canción de Sabina, yo sólo oía el murmullo de un grupo de marroquíes que paseaban cerca y el sonido de las olas rompiendo sobre las rocas.

¿Serán sus restaurantes? Muchos de ellos tienen nombres españoles y ofrecen mariscos y pescados a precios más económicos que en Europa, pero eso sí, los comensales son asesorados por expertos marroquíes en el tema.

¿Serán sus playas? Asilah cuenta con playas al norte y sur de la ciudad, donde llegan todos los veranos muchos viajeros a disfrutar de su tranquilidad. Aunque cada vez es más necesario alejarse del centro para encontrar esa tranquilidad que los operadores turísticos prometen. Algunos eligen un paseo en camello por la playa, pero a mi me resultaba algo extraño… los camellos los tengo asociados con los desiertos o con otros paisajes, no con la inmensidad del océano.

No sé qué es, pero es un lugar muy lindo para visitar, aunque no se parezca mucho al resto de las medinas marroquíes.

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